sábado, 28 de abril de 2007

Hubo tiempos inmemoriales

Hubo un tiempo en que los hombres vivían separados de sus cuerpos. Estos últimos hacían sus vidas de manera casi independiente y sobrevivían de acuerdo a su naturaleza animal. Se alimentaban, procreaban, intentaban mantenerse con vida. Los hombres mientras tanto, desarrollaban sus existencias en otra instancia. Digo instancia, pues me cuesta imaginar las características de esa dimensión, en que no necesitaban comunicarse, pues todo estaba a la vista (vista no en la acepción del sentido corpóreo) simplemente todo se "mostraba", todo era inteligible inmediatamente, incluso llegando tan profundo como hasta su esencia.

Llegó un día en que por razones que los humanos actuales desconocemos, se vieron obligados a descender a sus cuerpos mortales, pues les era imposible mantenerse en la dimensión en que hasta ese momento habían podido desarrollar sus vidas. Una vez que tomaron posesión de sus cuerpos, notaron que les era imposible mostrarse todo directamente como antaño, por tanto debían encontrar una solución en sus propios cuerpos para al menos llegar a comunicar lo más posible, tomando en consideración las limitaciones con que se enfrentaban ahora. Así crearon el lenguaje, ya sea articulado o de la naturaleza que fuere. Comenzaron a depender cada vez con más fuerza de él y sin embargo, por mucho tiempo ansiaron despegarse del cuerpo nuevamente y regresar a su dimensión primordial, mas les fue imposible, pues seguían sin resolver la situación que los trajo al mundo corpóreo en primer lugar.

El problema fue que finalmente y a pesar de las resistencias, los humanos comenzaron a acostumbrarse a sus cuerpos, los que realmente desconocían hasta ese entonces, pues se trataba de tan sólo una de las tantas facetas que incluía la naturaleza humana fuera de la dimensión primordial. Estaban los cuerpos, los kronan, los frit, los gengas y otras tantas manifestaciones que podía tener esta mentada dimensión primordial. Por azares del destino... huyeron hacia los cuerpos... ¿quién sabe por qué a los cuerpos?

Los intentos por recuperar la dimensión primordial comenzaron a disminuir progresivamente, consideraron que ya las esperanzas estaban perdidas, que la situación que los llevó a huir de la dimensión primordial era insoslayable, que simplemente era imposible de volver a su favor. Es así como comenzaron a apropiarse y resignarse en su condición de cuerpos, llevando casi al olvido las vivencias anteriores, pues tan sólo traían consigo desconsuelo y angustia. Sin embargo, dejaron una puerta abierta, pues conservaban mucho de su anterior creatividad en la forma primordial. Lograron conservar para si la muerte, y por tanto la idea de ciclo y renovación que los hacía humanos, que fundamentaba su existencia y originalidad. Sin embargo, esta vez, dado que no podrían ascender a la condición primordial directamente, pensaron que podrían rodearla. ¿Cómo es esto de rodearla?, pues bien, pasar sucesivamente por las etapas de cuerpo, kronan, frit, gengas y las otras tantas hasta volver al cuerpo tras cumplir el ciclo. Esto era sólo una suposición, la base de una esperanza peregrina, pero suficientemente alentadora como para ser emprendida. La esperanza radicaba en que al cumplir con el ciclo de transmigraciones y volver al cuerpo, obtendrían la experiencia necesaria de todas las dimensiones de manifestación vividas, para con dicho conocimiento retomar la conciencia del perdido problema - ese que los llevó a dejar la existencia primordial en primer lugar - y así encontrar la solución para retornar a ella. Esta titánica tarea traería consigo la posibilidad de alertar y enseñar al resto de los humanos la fórmula para volver a vivir sin depender de sus manifestaciones...

Debo reconocer que se trata de una gran esperanza y hablo en presente, pues lamentablemente, nadie aún ha conseguido terminar este ciclo interminable de manifestaciones...

Gustavo Faúndez (Bubu)

viernes, 20 de abril de 2007

La amenaza monstruosa y la asepsia de lo extraño (parte 2)

La naturaleza de los fenómenos antes descritos pretende manifestar el peligro en el cual se encuentra la sociedad al ser atacada hasta el punto de su aniquilación (efecto que se produciría en caso de morir todos los involucrados). El mismo principio se encuentra presente cuando el grupo atacado es pequeño: en ese caso, el conjunto de personas se muestra como representativo de los “tipos” humanos existentes, se los presenta como detentores de valores intrínsecos de la sociedad o, en último término, el grupo que peligra está contextualmente ligado al resto de los humanos de modo tal que no se los puede pensar sino en referencia al resto. De ahí el hecho casi obvio presente en esta argumentación: cualquier relato que finalice con la muerte de la totalidad del conjunto interviniente en la historia pretende significar el fin de la sociedad, al menos del modo en que es conocida.

Lo anterior se puede clarificar si tomamos de ejemplo a los zombies, aunque al introducirlos se abre una nueva problemática que necesariamente deberá ser resuelta más adelante: el zombie, aunque es no humano, incluye el conflicto de su carácter fronterizo dado que alguna vez fueron humanos. Pero, postergando la justificación de por qué se los puede tratar como amenazas completamente externas, se puede decir que ellos sí ponen en riesgo a la humanidad completa. Insaciables en su irracionalidad, jamás se detienen por su voluntad, expandiendo su infección hasta que externamente se frene su desarrollo. En caso de ataque de zombies las alternativas son dos: se los detiene y regresa la irracionalidad humana (lo que se puede apreciar, si no me equivoco, en “la noche de los muertos vivientes”), o triunfan sobre los humanos e instauran un nuevo orden completamente no-humano.

El resultado de lo expuesto es bastante simple: salvo en los casos más extremos, la sociedad no sucumbe y termina triunfando sobre quienes la amenazan. Más allá del carácter de la amenaza y de su naturaleza (externa/interna, humana/no-humana), la sociedad siempre impone sus términos a través de cierto tipo de individuos, pero se verá más adelante.

Tomás Ernesto Ríos López

La amenaza monstruosa y la asepsia de lo extraño (Intermedio 1)

Escribir por fragmentos tiene ventajas y desventajas. La desventaja es que se puede perder el hilo de las ideas y que la exposición parcial de los hechos puede causar confusión. La ventaja radica en que tomando las críticas que se hacen durante la formación del escrito el resultado final puede ser más depurado. Haciendo uso de la ventaja haré una breve referencia a las críticas (sin mucha profundidad ya que el fondo se contestará en el mismo texto).

Se me acusa de hacer referencia a películas sesenteras, pero a mi parecer los desastres naturales y los enemigos externos son igualmente fruto del Hollywood de los 90. Se dice que anteriormente se tenía fe en la técnica, pero, ¿ha cambiado eso hoy? Los meteoritos serán detenidos con armas nucleares, los invasores del espacio con virus computacionales, las enfermedades con nuevas vacunas, y así podría seguir con una lista interminable. Se señala también que mi análisis es sesgado, pero, Javier, yo cuando digo “externo” no me refiero, como tú, a “enemigo del espacio exterior”; uso el término para referirme a “externo a la sociedad o grupo en cuestión”. Creo que el sesgo va más por el lado de la conspiración extraterrestre que por otra parte… Finalmente debo decir que la problemática del asesino en serie corresponde a la parte "n" del escrito, así que dejaré eso para más rato.

Tomás Ernesto Ríos López

jueves, 19 de abril de 2007

La amenaza monstruosa y la asepsia de lo extraño (parte 1)

Si hay algo de extraño en la mayoría de las películas de terror y aquellas que nos muestran como seres espaciales, bestias salvajes, insectos furiosos, dinosaurios, tornados, terremotos y entes no humanos en general destruyen a los humanos y sus creaciones, es la poca efectividad de sus métodos y la poca espectacularidad de sus actos sobre personas concretas.

La primera característica importante que comparten todos los monstruos y calamidades naturales (y sobrenaturales) es el escaso número de muertes reales o visibles. Es impactante el contraste entre la fuerza teórica de seres como Godzilla o un tornado y la cantidad de vidas que toman. Corriendo por la ciudad, saltando de edificio en edificio y recorriendo los túneles del metro de Manhattan, el lagarto gigantesco creado a partir de la experimentación con armas nucleares en las islas del Pacífico demuele construcciones y derriba helicópteros que lo persiguen… a pesar de ello, los muertos son pocos, o por lo menos no son visibles para los espectadores que del otro lado de la pantalla pueden apreciar cómo solo el cemento cae y cómo la ciudad y sus habitantes, una vez destruida la amenaza, aparecen felices de tener la oportunidad de reanudar sus vidas tal cual eran antes de la aparición del monstruo (incluso es posible que la vida haya mejorado, pues es bastante común que aquellos exitosos pero solitarios acaben encontrando una persona “con la cual compartir su dicha”). Importante es aquí notar que los personajes principales, aquellos que sustentan los valores que deben ser rescatados, salvan sin mayores inconvenientes, aunque ese es un problema que corresponde a la otra parte de la película.

Ocurre algo similar con los desastres naturales. Aun cuando se supone pueden matar a muchas personas, estos se encargan por lo general de los edificios y uno que otro ser humano. Con ellos, al igual que en el caso de los lagartos gigantes, la técnica parece salvar a los humanos del asco de enfrentarse con la degradación de la muerte: la tecnología -edificios y artefactos- absorbe el impacto de la desgracia logrando la asepsia y la certeza de que lo único que puede ser destruido es eso sin vida que es incapaz de sufrir.

Tomás ErnestoRíos López

Hola a Todos

Salve antropólogos. Se abre un nuevo blog destinado a recibir los desvaríos y los razonamientos (no se descarta que de aquí salga algo bueno) antropológicos. El sentido del blog es que en él se escriba sobre aquello compartido por todos, la cultura popular en el sentido de aquello que por su masividad y difusión alcanza a la mayoría de los seres de por estos lados del mundo.
Sin más que decir, esperando actualizar constantemente la página, se despiden los padres y madres creadores(as): Manuela Cisternas, Gustavo Faundez, Ximena Rubio, Tomás Ríos (quien ahora escribe), Marcela Santana. (Con nombres tan poco antropológicos habrá que buscar unos seudónimos...).